martes, 24 de abril de 2012

¿En qué pensabas?


Tengo un té helado entre mis manos, delicioso. Le doy vueltas, distraída, mientras me hablas de tu día a día, tal baile, tal coreografía. La luz es tenue y se desvanece cada vez más. En un intento de llevarle la contraria al día que muere, tú voz aumenta su entusiasmo, se hace fuerte y dominante. Al pobre silencio no le queda más alternativa que esconderse y esperar su momento. Me he sacado esto, he mejorado aquello. ¿Soy abstracto?

Como si fuera una pompa de jabón, me elevo sin moverme de mi silla. Mis manos siguen rodeando el té, mis labios siguen esbozando la misma sonrisa amable, incluso mis ojos siguen fijos en los tuyos. Pero mis pies sienten la hierba fresca haciéndoles cosquillas. Y echo a correr, descalza y libre. Todo parece florecer de pronto. El prado se llena de color y el verde intenso pasa a poblarse de tonos rosas, malvas, azules y amarillos. Las flores crecen, o yo me hago pequeña.



Un relámpago y un trueno se alían y le arrebatan el trono a la armonía. Llueve. Y levanto la vista al cielo para ser parte de la lluvia. ¡Si todo fuera tan cristalino como la lluvia!

Me dejo llevar y bailo. Deseo poder ser como esas chicas esbeltas y elegantes que parecen ser una parte más de la música, como si sus delicados pasos estuvieran escritos en la partitura, sobre el pentagrama, compartiendo las cinco líneas con las corcheas. Sobre mis pies descalzos aparece una fina tela de raso y un par de cintas rosadas me suben por la pierna. Un violín se apodera de mi cuerpo y lo mueve por mí, a su antojo. Lo consigo. Por un instante soy una de esas chicas esbeltas y elegantes que durante tanto tiempo han sido fruto de mi más secreta envidia, protagonistas silenciosas de mis anhelos.

Un aullido quiebra la solemne interpretación de mi violinista invisible y la jauría de lobos se abalanza sobre mí. Corro asustada. Las flores muestran su lado oscuro y se marchitan a mi paso, dejando crecer entre ellas árboles siniestros. Estoy rodeada de sombras que me confunden. No sé dónde ir. Los lobos me persiguen, siento su aliento justo en mi espalda. Pánico. Y una mano salvadora me eleva por los aires. Siento que la velocidad me alborota el pelo. Quiero saber que ocurre, pero ¿me atreveré a abrir los ojos? Sí. No. Sí. No. Sí. Sí. ¡Sí!

Entonces dices mi nombre y mi mundo se desvanece. 

- ¿En qué pensabas?
- ¿Yo? En nada.

Bebo un sorbo de mi té y tú sigues hablando de tal baile, tal coreografía.

sábado, 14 de abril de 2012

Brief & Intense

Como la lluvia de estrellas de una noche de verano.
Como el instante de libertad que sentíamos al columpiarnos y llegar a lo más alto.
Como la primera gota de lluvia de una gran tormenta. Esa gran tormenta que nos volvió locos el uno por el otro.
Como la sonrisa de tus ojos, que es más sincera que la de tus labios. 
Como nuestro primer beso. 



Como ese último abrazo que nos dejó a ambos sin aliento. Tan fugaz… y tan intenso. 

martes, 10 de abril de 2012

Ama vivir.


Lo peor de los cambios es la certeza de que lo pasado, pasado está. Pero precisamente esa es su mayor ventaja: ya solo queda mirar hacia delante. 

domingo, 8 de abril de 2012

Agridulce



Una vez me dijeron que la literatura no es más que saber extraer la belleza de cada momento y conseguir transmitirla. Es algo así como leer entre líneas lo que la vida ofrece, captar sus indirectas. Porque el mundo irradia belleza pero es necesario mirar con unos ojos que no tenemos en la cara para vislumbrarla.

Un día cualquiera vería un sol radiante, que se oculta dejando a su paso un estallido de colores. Las colinas se vuelven doradas y el manto frío de la noche comienza a cubrirnos. Nos arropa. Nos arropamos. La niebla se tiende poco a poco, enredándose con los últimos rayos de sol. Se confunden, incluso juegan. Y nuestras pupilas quieren jugar con ellos, ebrias de su resplandor. Allá, a lo lejos, donde la noche aún no ha conquistado el cielo, se distinguen las siluetas de dos pajarillos perdidos, que acaban por fundirse en la inmensidad del azul. Poco a poco, las luces se van encendiendo y titilan. Nos envuelve el más absoluto de los silencios y cerramos los ojos.

Ante esa visión del mundo, no queda más que reconocer un pequeño atisbo de alma de artista.

Pero hoy, por no tener, no tengo ni alma.