lunes, 19 de septiembre de 2011

Vidas Paralelas.

Un día, como otro cualquiera, me despertaré con las ilusiones renovadas. Habré dejado de ser esa figura estática y fría que va dando pasos de ciego. En ese momento, me miraré al espejo y volveré a reconocerme a mí misma. Poco a poco conseguiré organizar mi caótica mente y calmaré este torrente de emociones que día tras día me vuelve más y más loca. Será entonces cuando me reencuentre con mi ansiado sosiego y recupere al menos una parte de mi acostumbrada sensatez. Aunque sea, quizás, demasiado tarde, me armaré de valor y plasmaré en forma de tinta todo lo que bulle en mi interior.

"Escuchar tu voz produce en mi el mismo efecto que una descarga eléctrica. Tus palabras me vuelven indecisa y, ni yo sé como, derrumban mis muros, mis principios... Maldita cabeza la tuya que consigue formular frases que me llegan mas dentro que mis propias convicciones, pero ojalá que ese poder que posees siga ahí eternamente.

Cada paso que das, cada una de tus acciones, mejor o peor encaminadas, logra descomponerme la mente. A veces me hacen sentir la más profunda de las felicidades o puede que cada cosa que me digas me haga sangrar por dentro.

No conocí la verdadera angustia hasta que te alejaste tanto de mi que no podía ni vislumbrar la tenue silueta de lo que una vez fuiste. Ahora se ha convertido en una compañera habitual, que vuelve cada vez que veo tu cara sin poder besarla, cada vez que me miras y no sonríes, cada vez que tu recuerdo me inunda al leer las cartas que me escribiste.

Vives en paralelo a mí, en otra dimensión. Te veo en el horizonte, caminando a mi lado pero tan lejos que apenas noto tu presencia. Es como una paradoja: juntos, pero sin poder volver a tocarnos jamás. Sencillamente inalcanzable.

No hay nada que deseé más que nuestras vidas se tuerzan para volver a encontrarse. En ese momento se fundirán para siempre y será imposible volver a separarlas."

Ese día llegará, más tarde o más temprano. Quizá en dos o tres meses, un año... Incluso puede que mañana.

martes, 6 de septiembre de 2011

Musa

Te busco sin cesar, en todas partes, a todas horas. Me devano los sesos intentando descifrar tus códigos, tus secretos. ¿Dónde estás? ¿Dónde te escondes? Tú, que traes contigo la belleza en estado puro, vuelve a enviarme a ese paraíso de colores y sombras. Recuerdo el mundo abstracto en el que ambos nos perdíamos, aquel paraje infinito en el que la realidad no era más que una idea abstracta. ¿Lo recuerdas tú o ya te olvidaste de mí? Desde que me faltas, mi vida no es más que un montón de folios en blanco, ¡ayúdame a llenarlos! Quiero escribir nuestra historia. Acaríciame y devuélveme la magia que te llevaste contigo. Constantemente me vienen a la mente los días en los que vivías a mi lado. Esa felicidad en forma de palabras, que por aquellos días parecía eterna, ha dejado paso a la más profunda frustración que puede apoderarse del alma humana. Me deja un sabor amargo en la boca y ha conseguido borrar por completo el embriagador aroma de tu perfume. ¡Ojalá pudiera sentir su olor al menos por un segundo! Repaso mis libros una y otra vez y me vuelvo loco al sentir una ínfima parte de tu presencia y no poder saborearla entera. Aun así, me siento reconfortado al saber que durante unos años dorados me elegiste a mí como tu compañero y te juro, mi amada inspiración, que no hay mayor honor para un poeta.


(Fotografía: Demy Bohane)