martes, 28 de junio de 2011

Lil' Introduction

Ocho añitos. Rizos, pero no de oro. Ojitos claros y perspicaces. Le gustaban el chocolate y los perros. Lo primero se lo comía, lo segundo no. Tenía que escribir con letra bonita y cuando una “a” salía un poquito torcida, arrancaba la hoja. Un adjetivo que se escuchaba mucho al describirla era el de organizada, pero su cuarto era un desastre. Nunca dejaba libros a medias y cuando leía se entregaba, dejando volar su imaginación y formando parte de las vidas de los personajes. Jugaba con paraguas y toallas y dormía en un colchón de peluches. Le declaró la guerra a las coles y salió ganando; en cambio, con las espinacas no hubo suerte. Su papá firmó un decreto prometiéndole una chocolatina pero nunca lo cumplió y años después apareció ese papelito en el bolsillo de un abrigo olvidado. Cuando iba a la feria se montaba en los ponis, indiscutiblemente. Sonreía. Siempre. Y leyó su primer cuento con dos añitos, sujetando el libro del revés. Traviesa y revoltosa. Ha roto muchos vasos en su vida… y jarrones… y espejos (pero sin mala suerte). No sé donde estará esa niña ahora, pero por lo que me han contado, le siguen gustando el chocolate y los perros. Lo primero se lo come y lo segundo, no.

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