Un día, como otro cualquiera, me despertaré con las ilusiones renovadas. Habré dejado de ser esa figura estática y fría que va dando pasos de ciego. En ese momento, me miraré al espejo y volveré a reconocerme a mí misma. Poco a poco conseguiré organizar mi caótica mente y calmaré este torrente de emociones que día tras día me vuelve más y más loca. Será entonces cuando me reencuentre con mi ansiado sosiego y recupere al menos una parte de mi acostumbrada sensatez. Aunque sea, quizás, demasiado tarde, me armaré de valor y plasmaré en forma de tinta todo lo que bulle en mi interior.
"Escuchar tu voz produce en mi el mismo efecto que una descarga eléctrica. Tus palabras me vuelven indecisa y, ni yo sé como, derrumban mis muros, mis principios... Maldita cabeza la tuya que consigue formular frases que me llegan mas dentro que mis propias convicciones, pero ojalá que ese poder que posees siga ahí eternamente.
Cada paso que das, cada una de tus acciones, mejor o peor encaminadas, logra descomponerme la mente. A veces me hacen sentir la más profunda de las felicidades o puede que cada cosa que me digas me haga sangrar por dentro.
No conocí la verdadera angustia hasta que te alejaste tanto de mi que no podía ni vislumbrar la tenue silueta de lo que una vez fuiste. Ahora se ha convertido en una compañera habitual, que vuelve cada vez que veo tu cara sin poder besarla, cada vez que me miras y no sonríes, cada vez que tu recuerdo me inunda al leer las cartas que me escribiste.
Vives en paralelo a mí, en otra dimensión. Te veo en el horizonte, caminando a mi lado pero tan lejos que apenas noto tu presencia. Es como una paradoja: juntos, pero sin poder volver a tocarnos jamás. Sencillamente inalcanzable.
No hay nada que deseé más que nuestras vidas se tuerzan para volver a encontrarse. En ese momento se fundirán para siempre y será imposible volver a separarlas."
Ese día llegará, más tarde o más temprano. Quizá en dos o tres meses, un año... Incluso puede que mañana.
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